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Ciencia y Técnología

Cómo un relevo en Gipuzkoa salvó a Europa mientras el sistema español moría de éxito – El diario andino

Cómo un relevo en Gipuzkoa salvó a Europa mientras el sistema español moría de éxito

 – El diario andino

El próximo 28 de abril se cumplirá exactamente un año del mayor colapso de nuestra historia reciente: el gran apagón que ennegreció la Península Ibérica y dejó sin suministro eléctrico a 55 millones de personas en España y Portugal durante 12 horas. Casi doce meses después, por fin tenemos la autopsia oficial.

El informe final. La Red Europea de Gestores de Sistemas de Transmisión de Electricidad (ENTSO-E) ha hecho público el tan esperado informe final. A lo largo de 472 páginas, el panel de expertos analiza en milésimas de segundo un acontecimiento sin precedentes. El documento, que advierte desde su preámbulo que no busca asignar responsabilidades legales sino aprender de los errores, revela un diagnóstico escalofriante: el apagón fue la tormenta perfecta provocada por la rigidez de las nuevas tecnologías, la ineficacia manual ante una crisis de milisegundos y una infraestructura incapaz de seguir el ritmo de la transición energética.

La anatomía del colapso. Para entender el fallo hay que mirar hacia el sur. Según detalla el informe europeo, a las 12:03 horas del 28 de abril se registró una vibración local de 0,63 Hz provocada por la inestabilidad en los convertidores electrónicos de las plantas renovables. Minutos más tarde, a las 12:19, la oscilación se amplificó afectando a todo el continente. La investigación técnica apunta a lo que podría definirse como «ceguera operativa».

El informe señala que gran parte de la generación renovable en España funcionó bajo un «factor de potencia fijo». Es decir, las plantas solares y eólicas estaban ciegas a las necesidades de la red; no podían absorber energía reactiva dinámicamente. Cuando aumentó el voltaje, estas plantas simplemente se desconectaron por motivos de seguridad. Cuando dejaron de generar electricidad, su absorción reactiva también se detuvo repentinamente, provocando un efecto rebote que disparó el voltaje de forma descontrolada. Además, mientras la crisis requería reflejos de milisegundos, el control de las reactancias (las máquinas que absorben el exceso de voltaje) se realizaba manualmente. Los operadores necesitaron minutos vitales para evaluar la situación.

El apagón que se podría haber evitado. El informe europeo no sólo actúa como notario de lo que fracasó, sino que también pone sobre la mesa lo que debería haber sucedido. Profundizando en las simulaciones técnicas del documento ENTSO-E, expertos del sector como Joaquín Coronado han llegado a una conclusión devastadora: El colapso del sistema eléctrico español no fue inevitable, sino resultado de una ineficaz gestión del control de tensión por parte del Operador del Sistema (Red Eléctrica).

El análisis europeo es contundente. En su simulación de sensibilidad (llamado Análisis 7), el informe concluye que si la conexión de las reactancias –como el reactor en derivación de Caparacena a 400 kV– se hubiera automatizado en lugar de depender del lento factor humano, se habría limitado el aumento de tensión y se habría evitado el efecto cascada. Además, ENTSO-E simula escenarios alternativos que muestran que el cero eléctrico se habría detenido en seco con medidas que ya deberían estar operativas: un aumento de los márgenes de potencia reactiva, la exigencia de que los generadores convencionales absorban más tensión o el uso de los ocho nuevos condensadores síncronos que ya estaban previstos en la planificación 2021-2026. Sin esta reserva de energía reactiva automatizada o soporte dinámico, la red quedó huérfana en el peor momento posible.

El rescate de Gipuzkoa. El desastre continental se evitó gracias a Gipuzkoa. A las 12.33, la subestación de alta tensión del barrio de Osinaga de Hernani detectó que el caos español amenazaba con arrastrar a toda Europa. En milisegundos, el relé de protección fuera de paso (fuera de sintonía) decapitó la conexión con la subestación francesa de Argia. Este «disparo» dejó a España a oscuras, pero blindó la red continental. Apenas diez minutos después, Hernani se convertía en la vía de rescate, permitiendo a Francia inyectar energía para resucitar el sistema peninsular de arriba a abajo (De arriba hacia abajo).

El problema estructural del mercado. El ataque a la energía limpia en los momentos previos al apagón ha llamado la atención, pero el sector se defiende señalando directamente la inacción regulatoria. En una entrevista para Héctor de Lama, director técnico de UNEF (la patronal de la fotovoltaica), es tajante: «Una planta, por grande que sea, no puede provocar un apagón. Deben confluir muchos otros factores». De Lama explica que los actuales inversores instalados en España cumplen con altísimos requisitos técnicos europeos, pero coloca el problema estructural en el tejado del Ministerio (MITECO) y de la CNMC por no incentivar económicamente a las renovables para dar servicios de seguridad a la red.

«La remuneración actual de 1€/MVArh no es suficiente para incentivar a las renovables a prestar este servicio [control de tensión] cuando estamos pagando a los ciclos combinados entre 100 y 200 veces más por lo mismo”, detalla De Lama. El experto de UNEF recuerda también una negligencia administrativa histórica que nos pasó factura el 28 de abril: mientras Portugal aprobó en 2019 una normativa para aprovechar el control de tensión de sus renovables, España tardó años en implementar mecanismos vitales como el Procedimiento de Operación 7.4. Estábamos jugando con las reglas del pasado ante una crisis del futuro.

«Una mina de oro sin camino». Este diagnóstico encaja con las voces de la industria. Durante el VI Foro Económico de elDiario.esPatxi Calleja, director de regulación de Iberdrola España, definió el sistema nacional como «una mina de oro sin carretera». Tenemos una enorme capacidad de generación barata, pero la red eléctrica es la gran limitación por falta de inversión respecto a nuestros vecinos europeos.

Y este escudo verde también tiene grietas. Como ya analizamos en la altísima penetración de las energías renovables nos protege de las crisis geopolíticas (como el aumento de los precios del gas debido a la guerra en Irán) durante las horas del día, haciendo caer los precios a cero. Sin embargo, tan pronto como se pone el sol, la falta de almacenamiento masivo en baterías nos devuelve al punto de partida, dejándonos a merced de los ciclos combinados y la volatilidad de los fósiles.

La guerra sin cuartel. Mientras los técnicos analizan las simulaciones de ENTSO-E que apuntan a fallos operativos, en las oficinas se libra una feroz batalla. La presidenta de Redeia (matriz de Red Eléctrica), Beatriz Corredor, ha utilizado el informe de Bruselas en sus comparecencias en el Senado para atrincherarse y leer sólo la parte que le conviene: «No hay ninguna responsabilidad por parte de Red Eléctrica», ha asegurado, achacando el «cero eléctrico» a la inestabilidad de una planta fotovoltaica en Badajoz y al incumplimiento de los generadores convencionales. tal como aparece RTVE.

Pero la historia de la inmunidad de REE se viene abajo. No sólo por las simulaciones del informe europeo que muestran la falta de automatización bajo su mando, sino también por algunas grabaciones internas filtradas. Los audios internos, revelado por Él MundoMuestran que los técnicos del centro de control llevaban 15 días detectando «oscilaciones en todo el sistema» y advirtieron de que había «pocos grupos con inercia». Lo vieron venir, pero operaron manualmente.

La tensión ha escalado al ámbito judicial. una exclusiva de El confidencial revela que Iberdrola y Endesa Han exigido al juez acceso a 8.028 llamadas y 1.296 correos electrónicos de directivos de REE de las horas previas y posteriores al apagón. Red Eléctrica entregó esos expedientes a la Policía creyendo que se trataba de un ciberataque terrorista. Al descartarse esta vía, REE se niega a dejar que las eléctricas escuchen los audios alegando «seguridad nacional», mientras que Iberdrola y Endesa denuncian un «filtro de exclusión» que les impide conocer la verdad y, previsiblemente, reclamar una indemnización millonaria.

El colapso de los datos y la burocracia. El apagón no sólo dejó los hogares a oscuras; ha puesto en jaque el futuro económico de España. Tras el incidente se ha implementado un sistema de control reforzado en la red que ya ha costado más de 800 millones de euros. Un proyecto de ley de modernización que acabará apareciendo en el bolsillo de los ciudadanos con subidas de peajes y tarifas previstas para 2026.

Pero el problema va más allá de un fallo puntual: la red está físicamente saturada. La llegada masiva de los centros de datos (devoradores de energía para la Inteligencia Artificial) y el nuevo «criterio dinámico» de la CNMC han provocado un colapso en cascada de los nodos de conexión. Para evitar un nuevo apagón, el Gobierno ha exigido urgentemente que las nuevas instalaciones resistan «huecos de tensión» y no se desconecten en caso de perturbaciones. Todo esto sucede mientras sufrimos una trombosis administrativa. Tenemos 130 GW de generación renovable listos para usar pero guardados en un cajón porque tramitar una línea eléctrica en España puede tardar hasta diez años.

Un sistema que pende de un hilo. Europa ya nos ha dado el diagnóstico clínico: España sobrevivió al 28 de abril de 2025 gracias al reflejo de un relevo en Gipuzkoa y a la respiración asistida que llegó desde Francia. Sin embargo, el papel de nuestro vecino del norte esconde una profunda ironía. Francia nos rescató del apagón total, pero en el día a día es nuestro principal verdugo comercial.

Un año después, el país sigue enfrascado en una batalla política y judicial sobre quién paga la factura del colapso, mientras Iberdrola, Endesa y Red Eléctrica se pelean en los tribunales por miles de audios ocultos. Sabemos que la automatización falló y que los operadores humanos fueron demasiado lentos, pero las soluciones estructurales siguen estancadas.

España tiene todo lo necesario para ser el gran imán industrial y de baterías de Europa; Pero mientras los trámites duren una década, sigamos aislados en la frontera francesa, carezcamos de almacenamiento masivo y la red funcione al borde del infarto, el riesgo de que el corazón eléctrico vuelva a pararse seguirá latiendo en las sombras.

Imagen | Seoane Prado y Roberto So

| El «modo reforzado» que evita un nuevo apagón nos costará 422 millones de euros. Iberdrola ya ha comenzado a cobrarlo

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Redactor Andino