Debate sobre votar u odiar, por Juan Paredes Castro | elecciones 2026 | debate presidencial | JNE – El diario andino
Una vez más el canibalismo político está de vuelta en delección presidencial de la anterior vuelta electoral, y seguramente tendrá una segunda vuelta y volverá a instalarse, amenazante y dominante, entre los nuevos poderes gobernantes, legislativos y judiciales, con toda su maquinaria y políticas autodestructivas.
Parece que la historia nos ha impuesto sólo una forma de hacer política: el odio y la confrontación, donde no hay lugar para un mínimo respeto por el otro, ningún lugar para un mínimo de diálogo y comprensión debido a la pérdida de solidaridad, y ningún lugar para un mínimo esfuerzo nacional para mantener la democracia.
Todo comienza con la lógica antropológica de la política, que los malos somos los de allá y los buenos somos nosotros aquí. Quizás respetados psicólogos como Moisés Lemlij, que ayer cumplió 88 años, sepan decirlo y explicarlo mejor, pero el resto no acaba de entender por qué los peruanos tendemos, cruel y constantemente, a destruir lo poco que construimos.
Los talentosos productores de odio y confrontación siempre han cambiado de partido por la presentación de ideas y propuestas que el JNE calificó de fiesta caníbal, como lo llama la historiadora Carmen McEvoy, en su columna en del pasado domingo, donde exige, entre otras cosas, superar la esclavitud, la ausencia de virtud republicana, al tiempo que recuerda a todo el sombrero republicano, pero a Raúlras, Barrenechea, «la carencia sonoro de la caridad cívica».
¿Qué hacemos con el objetivo más elevado del debate presidencial si los propios protagonistas son los primeros en romper las reglas aceptadas y utilizar impunemente mentiras e insultos como medio para influir en la opinión pública? Y lo hacen con una maquinaria eficaz para destruir el respeto y la reputación, que nada tiene que ver con el legítimo enfrentamiento del oponente con acusaciones combinadas con argumentos y pruebas.
Ante el alarmante ascenso y descenso de las encuestas, los candidatos presidenciales se enfrentan al incomparable problema de debatir sobre la elección ciudadana o el odio al otro, sobre la elección del gobierno o sobre cada gabinete descontento de incompetencia e informes.
Este festival de canibalismo aparece, con su imagen aterradora, en un momento de confusión para el elector del 12 de abril, que no sabe qué candidatos pasarán a la segunda vuelta de las elecciones; que no tiene la menor idea del Gobierno y Legislativo que verá a partir del 28 de julio; y que por fin percibe que ambos nuevos reinos no podían poner fin a sus mandatos. Detrás de estas preguntas se esconde y subyace el canibalismo devastador que los políticos, en su humanidad antropomórfica, no pueden sustituir por una forma inteligente y civilizada de gestionar sus diferencias y diferencias, e incluso sus rivalidades.
¿Qué fuerzas puras u oscuras pueden hacer más? ¿Las ideas y sugerencias, o los insultos y difamaciones? Eso es lo que hemos estado haciendo durante dos siglos. Y no salimos de allí.
* abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En ese marco plural, Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los columnistas que lo suscriben, aunque siempre las respeta.


