El Prado se ha convertido en un atractivo turístico saturado. Entonces has tomado una decisión: no más éxitos de taquilla – El diario andino

El Museo del Prado ha decidido parar. Tras alcanzar en 2025 su tercer récord consecutivo de visitantes con 3,5 millones de personas (cifra que muchas instituciones celebrarían con champán), su director Miguel Falomir ha roto décadas de obsesión por los números: «El museo no necesita ni un solo visitante más». La pinacoteca madrileña anuncia un cambio radical para 2026: elimina las exposiciones taquilleras.
¿Qué son las exposiciones de gran éxito? Las grandes exposiciones monográficas destinadas a atraer masas, especialmente turistas, que ahora desaparecen de las prioridades del Prado. En su lugar, propuestas temáticas más especializadas. El objetivo ya no es crecer, sino lograr que Ir al museo «no es como coger el metro en hora punta»en palabras de Falomir durante la presentación del programa anual. La medida convierte al Prado en pionero de un debate sobre la sostenibilidad cultural que recorre Europa desde la pandemia, cuando instituciones como el Louvre tuvieron que imponer límites de capacidad para evitar que la contemplación artística se convierta en una supervivencia frente a las oleadas de turistas.
El caso del Louvre. El modelo de museo francés marca el camino en lo que no se debe hacer: con sus nueve millones de visitantes anuales se ha convertido en el mejor ejemplo de cómo el éxito devora la experiencia cultural. Los 3,5 millones del Prado parecen modestos en comparación, pero Falomir recuerda un detalle: el museo de Madrid es entre ocho y nueve veces más pequeño. Es decir, más densidad de visitantes por metro cuadrado.
Desde la pandemia. Estos cambios se vienen gestando desde 2022, cuando los museos reabrieron y pudieron poner en práctica los límites de aforo que llevaban años barajando. Desde entonces, el Louvre ha mantenido un límite de 30.000 visitantes diarios y un sistema de franjas horarias con reserva previa obligatoria para determinadas habitaciones. Pero no es el único: el Museo Van Gogh de Ámsterdam y la Galería Uffizi de Florencia han adoptado estrategias similares.
El plan anfitrión. La respuesta del museo madrileño Se llama Plan Anfitriónun proyecto que aborda la calidad de la visita desde varios frentes. Comenzarán por optimizar los más de 70.000 metros cuadrados actuales, que en 2028 crecerán con el Salón de Reinos: 2.500 metros cuadrados adicionales. Entre las medidas concretas está la prohibición de fotografías en las salas, que ya se ha demostrado eficaz para mejorar la fluidez. A esto se suman ajustes en la gestión de acceso y límites en el tamaño del grupo.
Pero Falomir insiste: «Tenemos que pensar qué hacer para que al público no le interesen sólo las obras icónicas». El director reconoce que la concentración en piezas estrella crea cuellos de botella mientras otras salas permanecen vacías. El perfil del visitante es revelador: el 75,85% son extranjeros. Falomir insiste en que «somos el museo que más visitan los nacionales», pero quieren más españoles. Otros museos, como el Louvre, han optado por políticas más agresivas: aumentar el precio de las entradas para los visitantes de fuera de la UE.
La estrategia de programación. Ante un 2025 repleto de grandes exposiciones monográficas (Veronese, Anton Raphael Mengs, Juan Muñoz) diseñadas para atraer masas, 2026 apuesta por lo complejo y lo especializado. Propuestas como «A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo (1320-1420)», que Falomir reconoce fácilmente, no tendrán el atractivo comercial de sus predecesoras. No es una idea nueva. El metropolitano de Nueva York ha estado alternando durante años grandes nombres con arriesgadas exposiciones académicas. La Tate Modern hace lo mismo. Pero el Prado va un paso más allá y reconoce que esta estrategia responde a un objetivo de descongestión, no sólo a criterios curatoriales.
La programación de 2026 incluye «El Prado en femenino», con tres reinas coleccionistas: Isabel de Farnesio, Cristina de Suecia (400 aniversario) y, sobre todo, Mariana de Austria, cuya exposición de diciembre reconstruirá la evolución de su imagen y poder. También llegan «Rilke y el arte español», «Hans Baldung Grien» y «Prado. Siglo XXI», una exposición que analiza el propio museo y su transformación en este siglo. Todo encaja con la tendencia emergente del “museo lento”, un movimiento que propone recuperar la contemplación lenta frente al consumo acelerado del arte como si de un atractivo turístico se tratara.
La estrategia de programación. Ante un 2025 repleto de grandes exposiciones monográficas dedicadas a Veronese, Anton Raphael Mengs o Juan Muñoz, pensadas para atraer a grandes públicos, 2026 apuesta por propuestas temáticas más complejas y especializadas. Se trata de propuestas como «A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo (1320-1420)», que Falomir reconoce no tendrá el atractivo comercial de sus predecesoras. Hay modelos en esta política, como el Museo Metropolitano de Nueva York, que practica desde hace años un modelo mixto que equilibra grandes nombres con exposiciones académicas más arriesgadas. La Tate Modern de Londres funciona de manera similar.
Agotamiento del museo. En los últimos años ha surgido un término: «fatiga del museo«Visitar un museo se ha convertido en una carrera de obstáculos donde contemplar Las Meninas o La Gioconda significa atravesar un bosque de brazos con los teléfonos móviles. Falomir lo resume así: «El gran problema de los grandes museos es que el visitante es soberano». Nadie controla si alguien permanecerá ocho horas o cinco minutos, ni qué salas visitará. El resultado: concentraciones imposibles en determinadas zonas mientras otras permanecen vacías.
En | Este museo cuenta con un guía que se burla de los visitantes. El resultado: entradas agotadas


