La existencia de rayos sigue siendo un misterio para la física atmosférica. Austria nos ha dado una pista para solucionarlo – El diario andino

Parece increíble, pero en 2025 uno de los fenómenos más comunes y violentos de la naturaleza sigue guardando muchos secretos. Este es el caso del rayo, del cual sabemos protegernos y sabemos que Franklin tuvo muy bien con tu cometa. Pero si le preguntas a un físico atmosférico qué es exactamente lo que desencadena la primera chispa dentro de una nube para iniciar la descarga, probablemente se encogerá de hombros.
El descubrimiento. Esperaríamos que la respuesta a esta clásica pregunta meteorológica estuviera en el cielo mismo, pero en realidad parece estar en un laboratorio en Austria. ha estado aquí donde han conseguido algo que parece mágico: utilizar láseres para atrapar partículas microscópicas en el aire, y casi por accidente, descubrir un mecanismo de carga que podría ser el ‘eslabón perdido’ en el Formación de relámpagos en nuestro cielo.
Lo que sabíamos. Para que caiga un rayo es necesario que hay un campo eléctrico monstruoso que rompe la resistencia del aire, algo que tiene nombre: ruptura dieléctrica. El problema es que cuando medimos los campos eléctricos dentro de una nube de tormenta, los números no cuadran: son demasiado bajos para iniciar un rayo por sí solos.
Esto significa que los científicos sospechaban desde hacía tiempo que el secreto estaba en los aerosoles y cristales de hielo que chocan dentro de una nube. Y la teoría es bastante clara: si una pequeña partícula pudiera acumular suficiente carga, entonces tendría la capacidad de crear a su alrededor un campo microeléctrico tan intenso que iniciaría una reacción en cadena.
El problema es que estudiar un grano de hielo microscópico en plena tormenta es imposible, ya que podemos estar al lado de él y tampoco podemos bajar la nube al suelo. Por eso es que aquí entra en juego esta investigación que ha encontrado una solución de alta tecnología con unas pinzas ópticas.
El experimento. Para encontrar la respuesta, se utilizó un láser verde de 532 nm para hacer levantar una esfera de sílice de sólo un micrón de diámetro. ¿Pero por qué? En este caso, el objetivo inicial era medir fuerzas con precisión, pero se encontraron con algo muy extraño: el propio láser que sujetaba la partícula la estaba cargando eléctricamente. Lejos de equivocarse, se dieron cuenta de que tenían delante una herramienta perfecta para simular la atmósfera en miniatura. Ya no era necesario acudir a una nube para analizarlo.
De esta forma, comenzaron a cargar una partícula con tanta electricidad estática que provocó una ruptura dieléctrica en el aire a su alrededor, descargándose repentinamente. Literalmente habían creado un microrayo controlado en el laboratorio.
Los autores del estudio sugieren explícitamente que este sistema es un modelo ideal para estudiar la electrificación de aerosoles y nubes.
Su importancia. Hasta ahora, estudiar estos fenómenos requería subirse a un avión que persiguiera tormentas o confiar en simulaciones por ordenador. Pero ahora tenemos la capacidad de simular estas condiciones de forma controlada. Y también es ideal para entender por qué a veces parece que el cielo se va a romper en nuestra propia cabeza.
Imágenes | Michael Mancewicz
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