March 3, 2026

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Ciencia y Técnología

Las redes sociales son un problema para los adolescentes. Quitarlos como quiere el Gobierno también será – El diario andino

Las redes sociales son un problema para los adolescentes. Quitarlos como quiere el Gobierno también será

 – El diario andino

Como padre de dos adolescentesEl anuncio de Pedro Sánchez me toca muy de cerca. También lo ha hecho la conversación y las medidas que ya se han activado en otros países en los últimos meses. Para todos los padres que se encuentren en una situación similar, y para todos aquellos que vayan a vivirla -si es que efectivamente se acaban activando estas medidas- la conclusión es clara.

Para los menores de 16 años, el smartphone es dos cosas al mismo tiempo. El primero, un agujero negro que devora tu atención y eso también condiciona esa estructura básica sobre la que construyen su propia identidad social. No es sólo que el móvil sea un perturbador instrumento de dopamina en el que pasan horas y horas: es que es allí donde socializan.

De hecho, en 2026, dejar a un adolescente sin móvil no sólo le impide acceder a todo el mundo viral: supone dejarle en una situación de ostracismo social. Lo conviertes más o menos en un paria.. WhatsApp –al menos, en España– es el principal y principal canal de comunicación de los adolescentes, incluso más que el de los adultos.

Allí organizan el trabajo de clase, se reúnen para salir y gestionar sus propias dinámicas de grupo. Si se activa esta medida, ¿no podría eso influir significativamente en tu capacidad para conectar con tus amigos y conocidos? Hoy en día, las relaciones para ellos ya son totalmente híbridas, y quitarles el acceso a las redes sociales, por muy bien intencionada que sea la medida, puede tener un impacto terrible para muchos de ellos.

Prohibir las redes sociales parece una buena idea hasta que deja de serlo.

Todo este debate ha devuelto el zumbido de los teléfonos tontos, teléfonos tontos. Son esos móviles con estética de los años 2000 que recuperan diseños tipo clamshell o incluso teclados físicos y pantallas pequeñas, pero que más que limitados en la forma, lo son en el fondo. La idea es reducir esa dependencia del smartphone y convertir ese dispositivo en algo mínimo para llamar, enviar SMS y poco más con la idea de no estar pegados a la pantalla todo el día.

La idea es nostálgica, bien intencionada e incluso romántica, pero poco práctica. Aquellos teléfonos tontos Se postulan como una herramienta de desintoxicación digital, pero este movimiento se enfrenta a una realidad tecnológica y social abrumadora. A corto plazo, el concepto puede resultar agradable y digno de elogio. A largo plazo es, sobre todo, un obstáculo.

Y es que el mundo moderno ha sido diseñado por y para vivir con el smartphone a tu lado. No utilizarlo supone volver a una vida más incómoda y menos práctica. Por un lado, que FOMO puede ser beneficioso (no todo lo que nos perdamos será importante, y probablemente la mayor parte no lo será), pero por otro, hay ventajas reales en ese acceso total al mundo actual que nos brinda el teléfono móvil.

En realidad, ni siquiera necesitamos un estúpido teléfono móvil. Hace tiempo que existen formas de limitar el uso de aplicaciones y de aquellas dedicadas a las redes sociales: la configuración de bienestar digital Android o iOS, además de tonificar nuestro teléfono móvil para que su pantalla de inicio no nos solicite usar el móvil, sino todo lo contrario. Los padres también tienen acceso a soluciones de control parental, y en casa, por ejemplo, utilizamos Family Link con cierto éxito, aunque reconociendo que es prácticamente imposible controlarlo todo.

Intentar solucionar el problema actual -que lo hay- con este tipo de medidas es como ponerle puertas al campo. Es un desafío técnico casi imposible de resolver y sigue la estela del famoso pajaporte. Más allá del otro gigantesco debate que surge de esto, el de la privacidad, aquí ese control de los menores parece inviable.

Probablemente la solución no esté en el dispositivo ni en las aplicaciones que ejecuta, sino en reeducar a los niños. El teléfono móvil debe ser una herramienta funcional, no un objeto de validación constante. Los padres allí tienen todos un papel difícil, y siempre digo que si yo hubiera tenido un móvil a su edad probablemente estaría tan atrapado como ellos, o más. ¿Tenemos algún problema con los jóvenes, los móviles y las redes sociales? Definitivamente. ¿Es esta medida la solución? Parece difícil de creer. Por supuesto, tengo serias dudas de que así sea.

Imagen | Miguel Ángel Pérez

En | La vida de los que cambiamos de móvil casi todas las semanas (por trabajo)

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Redactor Andino