Marcela Ríos, directora para América Latina de Idea Internacional: “Cuando se llega a este nivel de de fragmentación (de candidatos), es muy difícil para los ciudadanos entender qué se propone” | POLITICA – El diario andino


A propósito de los 30 años de Idea Internacional, su directora regional para América Latina y el Caribe, Marcela Ríos, conversó con sobre el estado de la democracia en la región y en el Perú. En el análisis que hace su organización, hay una tendencia electoral en la región a la fragmentación y la alternancia frente a candidatos oficialistas, reflejo de una coyuntura de estancamiento o deterioro de la confianza en la democracia y las instituciones.
Remarcó que para que la democracia funcione, los políticos deben demostrar que es el sistema más eficaz para resolver las demandas ciudadanas. Respecto al caso peruano, advirtió que unas elecciones con tantos candidatos hará que sea difícil para las ciudadanos entender y diferenciar qué propone cada alternativa. Por otro lado, consideró riesgosa la intención de retirar al Perú del Sistema Interamericano de Derechos Humanos y que se promueva una reforma del sistema judicial en medio de una coyuntura electoral.
Newsletter Mientras Tanto
LEE TAMBIÉN | El TC decide el futuro del Caso Cocteles: ¿qué se definirá y cómo impactará en los casos de Ollanta Humala y de otros aportes de campaña?
– ¿En qué situación se encuentra la democracia en Latinoamérica? Los estudios apuntan hacia un descenso de la confianza de la ciudadanía en el sistema democrático
Desde Idea Internacional tenemos un informe anual sobre el estado de la democracia. El de este año sale en un par de semanas, pero ya el del año pasado nos muestra que América Latina está en una suerte de estancamiento en términos de la ampliación de la democracia. Tenemos más países con retrocesos que con mejoras. Nosotros medimos cuatro grandes dimensiones: representación, participación, derechos y estado de derecho. Y vemos que tenemos retrocesos, estancamientos, en la mayoría de los países, en algunas de estas dimensiones. Las más preocupantes en América Latina respecto de sus retrocesos son, fundamentalmente, en estado de derecho y en derechos. Y si bien se mantienen niveles aceptables en materia de representación y participación, sí nos preocupa que hay que hay cierto retroceso. También vemos que hemos tenido casos emblemáticos de un deterioro muy rápido de las democracias. La situación en Venezuela, los procesos recientes en El Salvador, muestran una ruta de deterioro democrático, que es altamente preocupante.
– ¿Cuál es el mayor peligro o riesgo que atraviesa la democracia en la región? ¿Qué es lo que causa este estancamiento o deterioro?
La confianza de los ciudadanos es un problema, pero otro problema objetivo es el deterioro de las instituciones. Parte importante de la baja confianza de los ciudadanos se debe a que, fundamentalmente desde la política, hay severos problemas en cumplir promesas de mejoría de las condiciones de vida, de seguridad. Hay dificultades, desde la política, para cumplir con las expectativas de las personas. Pero además, lo que vemos como el principal riesgo son estas involuciones autoritarias. Hoy planteamos que la muerte de las democracias o el retroceso democrático no se produce necesariamente por un golpe de estado, no como ocurría en los años sesenta o setenta en nuestra región; sino que lo que vemos son procesos paulatinos de deterioro interno donde se utilizan las propias herramientas de la democracia, los mecanismos legales para socavar su espíritu y su funcionamiento. Ese es un riesgo importante: reformas que cambian los sistemas electorales, el infringir la autonomía de los poderes autónomos, intervenir en los poderes judiciales, cuestionar la integridad a las elecciones. Vemos un repertorio de acciones que son relativamente comunes en distintos países, que pueden llevar mantener una cáscara de apariencia democrática. O sea, se pueden seguir haciendo elecciones regularmente, pero no se cumple con todos los otros requisitos que son esenciales para la democracia. La democracia es competencia, es elecciones, es el poder del pueblo, el gobierno del pueblo, pero también significa un entramado institucional, el respeto de los derechos de la minorías, el contrapeso al poder del Ejecutivo y garantizar y respetar derechos de todas las personas
– ¿Los últimos resultados electorales en países como Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia se pueden leer en conjunto o cada uno responde a su propia coyuntura?
Ciertamente, hay tendencia. En la última década o más en América Latina, hay una tendencia de los latinoamericanos a tratar de optar por la alternancia.
– Una suerte de ‘antioficialismo’…
Exacto. Hay mucha más probabilidad de que se vote por la oposición a que se vote por quienes están en el gobierno. Obviamente, hay excepciones, México es una excepción muy relevante; pero, en general, vemos que hay una tendencia contestataria, si se quiere a votar por la oposición, a no estar conforme con los gobiernos que están en el poder. La otra tendencia bastante transversal en la región es la alta fragmentación. Perú es un caso de eso, pero no solo es allí: en la mayoría de los países tenemos, recurrentemente, que los presidentes o presidentas electas tienen minorías en los congresos, que ha ido aumentando en América Latina, en los últimos 50 años, el número de partidos en el Congreso. Eso está aparejado con una dificultad de los partidos tradicionales de mantener sus bases de apoyo, una línea de conexión con sus votantes. Entonces, están surgiendo permanentemente nuevas propuestas partidarias, nuevas ofertas y eso también lo vemos de manera transversal. Prácticamente, no queda ningún país en la región que tenga un sistema bipartidista. Uno de los países con el sistema quizás más robusto de partidos, Uruguay, aún así es un es un país que tiene tres partidos y algunos conglomerados pequeños emergiendo. El Frente Amplio, que gobierna en Uruguay, es en realidad una colisión de movimientos y organizaciones que están dentro de un paraguas y que el sistema electoral permite que funcionen juntos. Pero, en general, en la región tenemos esta tendencia a la alternancia y a la fragmentación.
El Perú elegirá este 2026 a un nueva presidente o presidenta y a un Congreso bicameral.
– ¿Esto tiene que ver con una desilusión de la ciudadanía con quienes los gobiernan y con las propias instituciones? ¿No votar por los partidos tradicionales es un reflejo de lo que me decías de la desconfianza en lo institucional o en lo tradicional?
Sí, nosotros vemos que hay dos fenómenos que se potencian. Por una parte, hay una dificultad de eficacia de la política: los gobiernos tienen dificultades en enfrentar los problemas estructurales que arrastra América Latina, temas de crecimiento, empleo, bienestar económico, desigualdad, informalidad, pobreza. El COVID, además, terminó siendo un catalizador de esas tendencias estructurales. Por otro lado, están las crecientes olas de criminalidad que están recorriendo la región y se han transformado en una preocupación central de los ciudadanos. Entonces, primero había un descontento con la política y ese descontento se ha movido a ser un descontento con las instituciones y con los gobiernos. Hay una molestia porque desde la política, desde la instituciones, no se resuelven los problemas. Yo creo que la democracia, como régimen de gobierno, necesita que los estados, que la política sea eficaz. La democracia también tiene que demostrar a los ciudadanos, los gobiernos tienen que demostrar, que la política es la mejor forma para resolver los problemas colectivos. Por otro lado (están) los escándalos de corrupción, que es un fenómeno común en América Latina. Hemos visto diversos escándalos, que no necesariamente terminan. Allí hay un daño muy profundo a la credibilidad de la política y las instituciones. Muchas veces, las personas ven un escándalo, una autoridad involucrada en un caso de corrupción, y eso se extrapola a todo el sistema, todo el sector político, todas las instituciones. Entonces, seguir trabajando de manera decidida para combatir la corrupción también es esencial para recuperar la confianza de las personas en la política, en los partidos, en las instituciones.
– En el Perú estamos a puertas de una elección inédita, en la que se presentarían cerca de 40 candidatos a la presidencia
Bueno, una oferta electoral diversa puede ser algo positivo para la democracia, significa que hay distintas expresiones ideológicas y políticas que intentando conseguir el apoyo de la ciudadanía; pero cuando llegas a este nivel de de fragmentación es muy difícil para los ciudadanos entender lo que se propone, entender las diferencias entre un programa y otro, y eso debilita la representación. No es un síntoma positivo, muestra la debilidad de los conglomerados de articular plataformas comunes. Pareciera que lo que prima es más el incentivo individual, de pequeños grupos, de establecer una marca, de establecer una presencia, más que entregar gobernabilidad al país. Porque si tú tienes un interés de verdad de construir mayorías y dotar de gobernabilidad, necesitas hacer alianzas, necesitas asociarte con otros. Lo ideal sería que se busque esa lógica de una mayor alianza. Hay que decir también que no es un fenómeno exclusivo del Perú, pero si se llegara a concretar ese número de candidatos, sí estaría totalmente por encima y fuera de la norma. En Chile, por ejemplo, estamos a puertas de una elección presidencial y hay ocho candidatos inscritos. No es el número más alto en la historia, pero igual es un número alto en comparación a otros países. Más allá de eso, pasar los dos dígitos de candidatos hace muy difícil para los ciudadanos que puedan entender las diferencias y que puedan emitir su voto entendiendo las ofertas programáticas que todos esos candidatos están haciendo.
– En ese panorama, ¿cuál debe ser el foco de la prensa y de la opinión pública en medio de esta gigantesca oferta electoral?
A nosotros nos preocupa, particularmente, la desinformación y el uso de las nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y las redes sociales, en contextos de alta polarización. La mezcla entre polarización, fragmentación y desinformación es un cóctel muy explosivo. Hemos visto en elecciones recientes que los contenidos maliciosos se se distribuyen mucho más rápido que las verdades. En un estudio de hace poco, en Ecuador se detectó que uno de cada cinco contenidos de desinformación se transformaban en virales contenidos de desinformación y utilizando inteligencia artificial. También vimos casos en Argentina, en México, en Chile. Nosotros, desde Idea internacional, estamos trabajando a nivel global, regional y en Perú, apoyando a las instituciones electorales y nos parece que el rol que los medios de comunicación tienen que cumplir en esto es vital, porque es muy importante que no se transformen en una cámara de eco más de la desinformación que se produce en redes sociales. Los órganos electorales tienen un enorme desafío de salvaguardar la libertad de expresión en una elección y cuidar que la desinformación no tome el escenario. Y con esa cantidad de de candidatos, se necesita tener fuentes confiables de información, donde las personas puedan revisar los programas de gobierno y acceder a las plataformas. Es esencial todo lo que se puede hacer desde la televisión, la radio, la prensa y sociedad civil para informar adecuadamente sobre cuáles son las diferencias entre las candidaturas, cuáles son las propuestas.
LEE TAMBIÉN | El poder de las cúpulas: Partidos con escaños no elegirán candidatos vía voto universal
– Mencionaste como un riesgo a la democracia el sometimiento o la vulneración de la autonomía de los órganos judiciales. En el Perú se viene hablando de una necesidad de reformar el sistema de justicia. ¿Hay un riesgo allí? ¿Cómo sacar adelante reformas judiciales, que podrían ser necesarias, sin que eso termine siendo una intervención del Ejecutivo o el Congreso hacia un poder que debe permanecer autónomo?
Ese es un peligro real, evidente y latente en toda América Latina. La intromisión de los poderes ejecutivos y legislativos en el poder autónomo del Poder Judicial es un gran riesgo, porque se necesita un Poder Judicial autónomo para que funcione la democracia. Se necesita tener controles al ejercicio del poder, fiscalización respecto de la justicia, por supuesto. Los poderes judiciales también tienen que rendir cuentas y tener, institucionalmente, un contrachequeo; tampoco podemos tener poderes judiciales sin controles democráticos. Pero primero, nosotros planteamos que no es una buena práctica , en todas los países del mundo, promover reformas estructurales al Estado o a la política en medio de los ciclos electorales. Eso nunca es un buen consejero. Las reformas profundas del Estado requieren una cabeza fría, evidencia académica, actores imparciales sentados en la mesa, organismos internacionales, el mundo académico, las universidades, la sociedad civil, y los involucrados: asociaciones de magistrados, un colegio de abogados, instituciones vinculadas a la judicatura. Que se realice un diagnóstico serio de cuáles son los problemas y una vez que se tenga claro qué problemas arreglar, observar las opciones de solución que tienes. A menudo, en América Latina, tenemos la tentación de inventar problemas o de transformar el debate en una sola dimensión, concentrar los debates en las soluciones más que en los problemas (…) Nuestra recomendación es primero un diálogo amplio con todos los actores involucrados, no solo desde la política. La política necesita acompañarse de evidencia, de especialistas, de evidencia comparada, ver dónde funcionan bien los poderes judiciales, dónde está funcionando mejor, qué cosas se han hecho en otros países, que ha funcionado, eso siempre ayuda. Y también tener la opinión de las universidades, de la sociedad civil y del propio poder judicial es muy importante.
-Por otro lado, hay sectores políticos que impulsan que el Perú salga del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, bajo la idea de que ello permitiría una lucha más efectiva contra la criminalidad porque se podría aplicar la pena de muerte.
Yo creo que es una propuesta riesgosa. Recordemos que los únicos países que se han retirado del sistema americano son dictaduras, no hay ninguna democracia que funcione bien que se haya retirado del sistema interamericano, porque este es una construcción colectiva de las democracias de la región para fortalecer las democracias de la región. Se ha retirado Venezuela y se ha retirado Nicaragua, lamentablemente. ¿Y por qué es una construcción de las democracias? Porque esto ha sido una discusión de la región, no ha sido un sistema impuesto, ha sido conversado colaborativamente entre los gobiernos de nuestros países, de todos los países, incluyendo Perú. Lo que ha permitido es generar una protección adicional para los derechos de las personas. El sistema interamericano ha tenido un rol fundamental, por ejemplo, en expandir derechos sociales, en materia de acceso a la salud, en materia de derecho a la educación, en la protección de minorías, en saldar deudas pendientes respecto a violación a los de derechos humanos (…) Tenemos un sistema interamericano que, en materia de derechos humanos, ha sido extremadamente exitoso, ha sido un aporte para la construcción de las democracias de la región y para los ciudadanos y las ciudadanas, que tienen un espacio también adicional al que recurrir.
Respecto de la tema del tema de muerte, toda la evidencia internacional muestra que la pena de muerte es ineficaz para reducir los delitos. Si tú comparas Estados Unidos con otros países desarrollados de Europa, donde no tienen pena de muerte, las tasas de homicidio y la criminalidad son muchísimo más altas en Estados Unidos. Esto no es producto de la pena de muerte, pero lo que sí es cierto es que la pena de muerte no es una política pública que que que permita disminuir la la criminalidad. Tenemos que trabajar en fortalecer las policías y los sistemas de persecución, en combatir la corrupción, en mejorar los sistemas carcelarios. Hay una agenda muy amplia que hay que abordar para mejorar la eficacia de los sistemas de justicia, pero ciertamente la evidencia internacional muestra que la pena de muerte en sí misma no va a ser una solución, no es una pastilla mágica.
-Actualmente también tenemos una situación inédita en el que la presidenta tiene solo 3% de aprobación y 96% de desaprobación. ¿Este rechazo tan alto y tan marcado del ciudadano a su gobernante también es un factor que debilita la democracia y debería preocupar al gobierno?
Ciertamente, los gobiernos no pueden gobernar pensando en las encuestas; pero tampoco los gobiernos pueden gobernar sin tener una conexión con la ciudadanía, sin entender lo que necesita la sociedad. Para eso existen distintos mecanismos. Es muy importante que se escuchen las opiniones de los ciudadanos más allá de las elecciones. Los mecanismos de participación, deliberación, procesos de escucha y diálogos son muy importantes para recomponer las relaciones en una democracia. Nuestra oficina de Idea en Perú ha trabajado mucho en ese sentido y pensamos que algo que le hace muy bien a la sociedad peruana es generar más diálogos, más conversaciones.
Y sí, la falta de confianza en las instituciones es un problema para las democracias, porque en la medida que los ciudadanos creen que la política no sirve o no puede solucionar sus problemas, tenemos potencialmente ciudadanos queriendo apoyar proyectos autoritarios, porque se se puede empezar a pensar que un gobierno autoritario puede ser más eficaz que una democracia y eso es altamente riesgoso. Sabemos que eso no es así: las democracias tienen mejores resultados en materia de igualdad, de crecimiento, de cohesión social, pero para eso tienen que ser democracias que funcionen bien y tienen que darle garantía a los ciudadanos de que están funcionando. Entonces, la política es esencial y en el Perú, esperamos que este ciclo electoral se realice de manera pacífica, informada, tranquila; pero que también abra la oportunidad para que se tengan discusiones de fondo sobre lo que necesita el país, lo que necesitan los ciudadanos y que ese 96% de personas que parece estar descontenta puede encontrar una expresión que los represente de manera adecuada.