Obligados a estafar: la extrema crueldad de las mafias de trata de personas en el sudeste asiático – El diario andino

La historia que Okindo contó al diario “The Guardian” eleva el perfil del cuerpo, pero no es la única. Como él, cientos de miles son reclutados por mafias, en su mayoría chinas, que ofrecen trabajo en el sudeste asiático, pero acaban siendo secuestrados, encarcelados y sometidos a condiciones de esclavitud en las llamadas ‘granjas de ciberestafa’. Allí se ven obligados a contactar con personas de todo el mundo, especialmente de Europa y Estados Unidos, para invertir en criptomonedas, plataformas de juegos online o entablar ‘relaciones románticas virtuales’ con el fin de sacarles grandes sumas de dinero.
«Me quitaron la ropa, me hicieron sentar en una silla y me aplicaron descargas eléctricas en la pierna. Pasé 16 días en una celda por no obedecerlos. Sólo me dieron agua mezclada con colillas de cigarrillos», le dijo a la BBC Ravi, un joven de 24 años de Sri Lanka.
Estas mafias reclutan a sus víctimas en otros países vulnerables del sudeste asiático, como Bangladesh, Sri Lanka, Indonesia y Filipinas, pero también han extendido sus tentáculos a países africanos e incluso a Brasil. Los delincuentes buscan personas con conocimientos de inglés y habilidades tecnológicas.
Según documenta la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, al menos 300.000 víctimas están recluidas en vastos complejos en Camboya, Myanmar, Tailandia, Laos, Malasia y Filipinas, donde estos grupos criminales se aprovechan de la corrupción de las autoridades para permitirles pasar los controles migratorios o cruzar fronteras con impunidad.
Cientos de personas se llevaron maletas, monitores de computadora, mascotas y muebles mientras huían de un presunto centro camboyano de ciberfraude en la ciudad costera de Sihanoukville, el 15 de enero de 2026. (Foto: AFP)
/ TANG CHHIN SOTHYPara la ONU, estas estafas han crecido hasta alcanzar “proporciones industriales”. Amnistía Internacional ha advertido que esto ya es una crisis humanitaria internacional, de la que no se habla mucho, algo en lo que coincide Ricardo Valdez, director ejecutivo de la organización CHS Alternativo, especializada en trata de personas, explotación sexual y trabajos forzados. “Cuando se estima que más de 200.000 personas han sido capturadas y obligadas a trabajar en centros de fraude en países como Camboya, Myanmar o Tailandia, ya no estamos ante hechos aislados, sino que se trata de un sistema organizado que opera a escala regional”, dijo a El Comercio.
«La magnitud es uno de los factores más preocupantes. Hay miles de personas privadas de libertad y sometidas a explotación simultáneamente, dentro de redes criminales que funcionan como verdaderas estructuras empresariales y que operan transnacionalmente. Por eso hablamos de una crisis silenciosa: no genera imágenes visibles como un conflicto armado o un desastre natural, pero por su escala, sistematicidad y número de afectados, tiene claramente dimensiones humanitarias», añade.
Un aspecto que hace más siniestra esta modalidad es el entorno virtual donde se cometen los delitos, y que estas transacciones ilícitas generalmente se realizan en la ‘deep web’, lo que dificulta el seguimiento de las redes criminales.
Según un informe de la Misión de Justicia Internacional, recogido por “The Guardian”, más de 7.000 personas fueron rescatadas en una operación en Myanmar el pasado mes de febrero y otras 2.000 en octubre. Sin embargo, esto también plantea otro problema: el engorroso proceso para que las víctimas regresen a sus países.
Personas de varios países que trabajaron en el complejo KK Park en Myanmar y cruzaron a Tailandia a través del río Moei, sentadas con sus pertenencias mientras las autoridades tailandesas realizan investigaciones en el distrito de Mae Sot, provincia de Tak, el 24 de octubre de 2025. (Foto: AFP)
/ SAROT MEKSOPHAWANNAKULCuando son engañados, las mafias les quitan el pasaporte, por lo que quedan indocumentados y sin dinero en un país ño, y muchos de ellos quedan vagando por las calles hasta que sus embajadas puedan contactar con sus familiares. Otros logran ser internados en campamentos militares o centros de detención mientras esperan que se procesen sus casos.
También en Perú
Según Valdez, en Perú se registró en 2023 un caso vinculado a este tipo de ciberestafa que involucraba trabajos forzados.
Una organización criminal presuntamente liderada por taiwaneses, en complicidad con un ciudadano peruano, reclutó a 44 personas procedentes de Malasia mediante ofertas de trabajo falsas en un supuesto ‘call center’ de Madrid, ofreciéndoles un salario de 3.000 dólares. Las víctimas fueron trasladadas a Lima con engaños, detenidas en un predio de La Molina y explotadas laboralmente, obligándolas a realizar llamadas fraudulentas. La situación se descubrió cuando dos de ellos lograron escapar y pedir ayuda, lo que permitió un operativo de rescate.
Según las investigaciones, los njeros detenidos tenían tatuajes que los vincularían con la organización criminal conocida como “El Dragón Rojo”.
También hay quienes logran escapar o quienes logran ser liberados tras pagar costosos rescates.
«La letanía de abusos es abrumadora y, al mismo tiempo, desgarradora. Sin embargo, en lugar de recibir protección, atención y rehabilitación, así como las vías de justicia y reparación a las que tienen derecho, con demasiada frecuencia las víctimas enfrentan incredulidad, estigmatización e incluso castigos adicionales», afirmó en su informe el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk.
«La gravedad es doble: por un lado, miles de personas están privadas de libertad en condiciones equivalentes a la esclavitud moderna; por otro, se ven obligadas a participar en actividades criminales. Se trata de una forma contemporánea de explotación en la que el ‘producto’ es digital, pero la coerción y la pérdida de libertad son reales. Además, es un modelo altamente rentable y transnacional que se está expandiendo rápidamente, combinando trata de personas, crimen organizado y cibercrimen a escala industrial», dice Valdez, quien también fue viceministro. del Interior de nuestro país.
Sólo en Camboya, se estima que los beneficios de las estafas cibernéticas superan los 12.500 millones de dólares al año, según un informe de 2024 del Instituto de Paz de Estados Unidos. A nivel global, se estima que los ingresos pueden superar los 64 mil millones de dólares, a costa del maltrato a personas que sólo buscaban un trabajo digno.


