Un tiempo para reducir la dicha y el miedo, por Juan Paredes Castro – El diario andino
Los candidatos presidenciales favorecidos por los caníbales de los debates electorales de las últimas semanas, que han visto un repentino aumento en sus intenciones de voto, deben moderar su euforia; Aquellos que por lo mismo se encuentran en desventaja, y que han visto peligrar su ventaja, también deben moderar sus temores.
Es momento de poner los pies en la tierra para algunos; Es hora de calmar y templar el ánimo de los demás, a la luz inequívoca de los obstáculos electorales que tendrán que superar en las elecciones del próximo domingo.
No será tan fácil obtener como resultado el 5% de los votos válidos más tres senadores y siete diputados por partido para tener presencia en el parlamento.
Si cuentan con el respaldo de organizaciones políticas nacionales organizadas, es posible que no tengan que preocuparse demasiado. Por el contrario, la simple aventura y la audacia de crecer como la espuma en las votaciones es algo de otro mundo en Perú, pero termina por no ser suficiente a la hora de alcanzar el nuevo umbral del 5%, que no es cualquier cosa y que actúa como un lavado de cara del sistema electoral.
De ahora en adelante hasta el final de la lucha de cada organización política y de cada candidato, nada se dirá hasta el arreglo final de la ONPE.
Entre las 7:00 y las 17:00 horas del domingo 12, en uno de sus momentos más poderosos cada cinco años, el elector peruano dividirá su dolor de cabeza sobre por quién y por quién votar con la incertidumbre de que los funcionarios electos que conoceremos, por sus acciones e inacciones, los llevarán al nuevo nivel de poder político.
Quien finalmente selle la victoria y la derrota de ambos partidos será el 5%. Vale repetirlo: no serán más de siete partidos los que lo superarán.
Es el cuello de botella que de repente contrarresta la gama de treinta candidatos a la presidencia y cientos de candidatos a senadores y representantes, que la catastrófica división política ha colocado en el vestíbulo del poder político más caóticamente tenso jamás conocido.
El umbral electoral real tendría que ser aquel que, desde el principio y no al final como ahora, delimite la participación de no más de diez partidos.
Podríamos haber logrado elecciones presidenciales y parlamentarias en 2026 con un sistema electoral verdaderamente reformado, también a la luz de un sistema de partidos revivido. Desafortunadamente, solo tenemos, con un mínimo de mosaicos, el mismo sistema electoral que expuso todas sus irregularidades e ineptitud en las elecciones de 2021.
Con las pocas excepciones de los partidos políticos con liderazgo, estructura y representación a nivel nacional, el resto, en su mayor parte, moviliza a las organizaciones no gubernamentales y a sus promotores como billetes de la suerte en las votaciones y en las propias elecciones.
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