una historia de amor y odio – El diario andino

a los seres humanos nos encanta tomar partido y defenderlo. Amamos y odiamos los equipos de fútbol, la comida, los coches y la ropa, pero también amamos y odiamos las empresas de tecnología. Si hay dos empresas que representan esa historia son Apple, tradicionalmente querida por sus usuarios y con muy buena imagen, y Microsoft, que a pesar de sus esfuerzos ha sido odiada masivamente.
No entramos aquí en juicios de valor sobre si uno u otro merecía ese amor u odio, sino que simplemente exponemos que ese sentimiento está claramente extendido. Esta historia de amor y odio nos ha acompañado durante los últimos cuarenta años, pero ahora otra historia similar comienza a gestarse. Aún incipiente, pero llamativo.
Así es, por supuesto, cómo la gente está empezando a odiar OpenAI y amar a Anthropic. Las similitudes con Microsoft y Apple son llamativas, sobre todo después de los acontecimientos de los últimos días y ese triángulo de amores y desamores que han formado el Pentágono, Anthropic y OpenAI.
De todo este escándalo han acabado saliendo dos percepciones muy claras. Por un lado, Anthropic se ha posicionado como la empresa que defiende la ética y la moral. No han cedido a las exigencias del Pentágono y se han mantenido firmes, lo que ha sido muy positivo para su reputación.
Por otro lado, OpenAI ha aprovechado el momento para robarle el contrato gubernamental a su rival. La percepción aquí es diferente y OpenAI ha dado la impresión de ser una empresa oportunista y sin escrúpulos. Tanto es así que el impacto en la popularidad ha sido notable: el pasado sábado las descargas de ChatGPT se desplomaron mientras que Claude’s conseguía situarse por encima de su rival, que siempre había dominado ese ranking.
El efecto ha sido claro: Anthropic se ha convertido en la buena, la compañía a la que amar. OpenAI, por otro lado, se ha convertido en el foco de las críticas. De hecho, un Movimiento ‘Cancelar ChatGPT’ lo que anima a los usuarios a dejar de utilizar los modelos de IA OpenAI. La traición, parecen decir estos usuarios, se paga.
La batalla narrativa de los buenos y los malos
Asistimos aquí a un fenómeno único en la evolución de la identidad corporativa de estas empresas. Mientras Altman parece tener adoptó el manual de estilo de Bill Gates de los años 90 —priorizando el crecimiento agresivo, las alianzas gubernamentales y el dominio del mercado—, Dario Amodei se posiciona como el «heredero espiritual» de aquella Apple que se jactaba de «pensar diferente». La negativa de Anthropic a cruzar ciertas líneas rojas ha servido para que el usuario medio sienta que al utilizar Claude está apoyando una tecnología «con conciencia», por así decirlo.
Lo curioso de esta historia y esta rivalidad es que Anthropic nació precisamente de una escisión de OpenAI por diferencias éticas. Hay aquí una cierta narrativa de pureza versus pragmatismo empresarial que nuevamente nos recuerda el enfrentamiento entre Apple y Microsoft desde los años 80. OpenAI parece ser la ventana de la IA. Mientras tanto, Anthropic parece ser la MacBook.
Estas rabietas de los usuarios suelen tener fecha de caducidad porque el ser humano tiene muy mala memoria, pero OpenAI aún enfrenta riesgos claros. Por ejemplo, que esa percepción de la empresa complica la retención del talento o que en realidad Anthropic acabe asumiendo el papel de “empresa que desarrolla IA ética”.
Para estos últimos eso también es un riesgo, porque cualquier desliz en esa filosofía inmaculada puede salir muy caro. De hecho, ya se habla de ello en redes cómo Amodei en realidad él no es un santo y tu empresa apareció en enero a un concurso para un proyecto de enjambres de drones autónomos controlados por voz e inteligencia artificial.
Así, estamos reviviendo la asignación de valores ideológicos a la tecnología. Cada empresa quiere posicionarse de forma diferente, pero para los usuarios todo vuelve a ser una cuestión de bien y de mal. Los usuarios amaban las computadoras Apple y odiaban (o apoyaban) las computadoras Microsoft. Ahora el debate parece haberse trasladado a la IA: nos encanta la de Anthropic porque parece ética, y odiamos (o apoyamos) OpenAI porque es oportunista.
Pero ojo: esto no ha hecho más que empezar.
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