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Venezuela | ¿Quiénes dirigen la ofensiva naval y diplomática de Estados Unidos en el Caribe contra Nicolás Maduro? | Donald Trump | Cártel de los Soles | Tlcnota | MUNDO – El diario andino

Venezuela | ¿Quiénes dirigen la ofensiva naval y diplomática de Estados Unidos en el Caribe contra Nicolás Maduro? | Donald Trump | Cártel de los Soles | Tlcnota | MUNDO – El diario andino

En medio del mayor despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe desde el fin de la Guerra Fría, un reducido grupo de altos mandos del Pentágono concentra las decisiones que definen la presión que se ejerce desde agosto sobre el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Sus trayectorias explican cómo Washington ha estructurado una operación que combina disuasión, poder naval y aéreo, y presión diplomática en una misión donde la Casa Blanca afirma que “todas las opciones están sobre la mesa”.

Si bien el secretario de Guerra Pete Hegseth cumple un rol central dentro de la operación militar en el Caribe, su papel se mueve en el nivel político-estratégico, no en el operacional. Él es quien traduce las decisiones del presidente, en este caso Donald Trump, en órdenes para las Fuerzas Armadas.

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En el asunto del despliegue frente a Venezuela, Hegseth es quien autoriza oficialmente el movimiento de fuerzas navales, establece los objetivos políticos y militares generales, y fija los límites de acción.

El secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, ofrece una conferencia de prensa en el Palacio Nacional de Santo Domingo, República Dominicana, el 26 de noviembre de 2025. (Foto de Félix León / AFP).

/ FELIX LEON

Hegseth también coordina con el Departamento de Estado, negocia la presencia militar con gobiernos aliados del Caribe y define el mensaje estratégico hacia Venezuela y al mundo.

Por ejemplo, esta semana Hegseth estuvo en República Dominicana y consiguió la autorización de ese país para el uso de sus aeropuertos para las operaciones antidrogas. En octubre hizo un viaje a Puerto Rico que coincidió con el despliegue de los cazas F-35 en ese territorio.

El secretario de Guerra también es el encargado de rendir cuentas ante el Congreso de Estados Unidos cuando sea requerido.

Los hombres clave de la Operación Lanza del Sur

En la actual operación en el Caribe, denominada Lanza del Sur, hay dos nombres clave: el almirante Alvin Holsey y el general Dan Caine.

El jefe del Comando Sur de EE. UU., almirante Alvin Holsey, pronuncia un discurso durante la Conferencia de Seguridad Centroamericana (CENTSEC25), organizada por Panamá y el Comando Sur. (Foto de Franco BRANA / AFP).

/ FRANCO BRANA

Alvin Holsey es jefe del Comando Sur desde el 7 de noviembre del 2024. Su área de acción es la región del Caribe, Centroamérica y Sudamérica.

Es responsable de coordinar el portaaviones, los buques de asalto anfibio, el submarino, los cazas F-35 desplegados cerca de las costas venezolanas.

Su llegada al puesto no fue casual: la Casa Blanca buscaba un oficial con experiencia comprobada en operaciones complejas, manejo de crisis y liderazgo multinacional. Holsey, con más de tres décadas en la Armada, cumplía con todos esos requisitos.

Andrés Gómez de la Torre, especialista en temas de defensa e inteligencia, dice a El Comercio que Holsey es un aviador naval con una carrera marcada por su cercanía con los portaaviones, helicópteros y unidades de asalto anfibio, los tres pilares de cualquier operación aeronaval moderna.

Esa especialización, sostiene, convierte a Holsey en una pieza esencial dentro de los escenarios que Estados Unidos evalúa para Venezuela. “Su trayectoria lo ha llevado a comandar plataformas capaces de ejecutar misiones aerotransportadas y helitransportadas, capacidades clave en un eventual operativo sobre territorio venezolano. En otras palabras, su perfil técnico, su experiencia en fuerzas de asalto y su conocimiento de logística aeronaval lo alinean plenamente con el abanico de opciones militares que Washington mantiene abiertas en el Caribe”, indica.

En Washington lo consideran un moderado firme: alguien que evita el lenguaje beligerante, pero que entiende perfectamente el peso simbólico y operativo de enviar un portaaviones a una región que Estados Unidos considera convulsionada debido al narcotráfico.

Durante su carrera, Holsey alcanzó mando de alto nivel como comandante del Grupo de Ataque de Portaaviones Uno, embarcado en el portaviones USS Carl Vinson, lo que implica dirección de grupos de ataque con portaviones, capacidad de proyección de poder naval, operaciones combinadas superficie-aire, etc.

El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de EE. UU., habla durante la reunión de altos mandos militares en la Base del Cuerpo de Marines de Quantico, Virginia, el 30 de septiembre de 2025. (Foto de Andrew Harnik / AFP).

/ ANDREW HARNIK

Mientras que el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, es actualmente una de las figuras más influyentes del aparato militar estadounidense, pues asumió sus funciones en un momento de tensiones simultáneas en el Medio Oriente y el Caribe.

Caine pertenece a una generación de oficiales formados en operaciones especiales, inteligencia táctica y coordinación entre agencias, un perfil que el Pentágono considera esencial para conflictos híbridos y escenarios de escalada rápida.

Su paso por unidades de élite de la Fuerza Aérea lo llevó a dirigir misiones de precisión en Afganistán e Irak; más tarde, como comandante adjunto en el Comando Conjunto de Operaciones Especiales, fue uno de los arquitectos de la integración entre drones, fuerzas terrestres y plataformas de vigilancia que redefinió la doctrina estadounidense en la década del 2010.

Andrés Gómez de la Torre señala que Caine ha sido piloto de combate de aviones F-16, trabajó durante años en estrecha colaboración con la CIA y adquirió notoriedad tras los atentados del 11 de setiembre del 2001, cuando integró los comandos encargados de proteger el espacio aéreo sobre Washington mientras Al Qaeda estrellaba los aviones comerciales que secuestró. Aquella experiencia, refiere el analista, lo consolidó como un especialista en operaciones aéreas de alta presión y reacción inmediata frente a amenazas no convencionales.

Hoy, desde la cúspide del aparato militar estadounidense, Caine es reconocido por dos hitos que marcan su gestión, indica Gómez de la Torre. Primero, por su papel determinante como impulsor y arquitecto del ataque de Estados Unidos del 21 de junio del 2025 contra las instalaciones nucleares de Irán, a través de la Operación Martillo de Medianoche, “una demostración de precisión aérea que redefinió la postura estadounidense en Medio Oriente”.

Y segundo, su actual activa labor diplomático-militar en el Caribe, donde ha encabezado una gira destinada a asegurar alianzas estratégicas con los países que apoyan —directa o indirectamente— el despliegue militar cerca de Venezuela.

“En un momento en que la presión sobre Venezuela se intensifica, Caine se ha convertido en el rostro de la combinación de fuerza, disuasión y construcción de consensos que guía la actual estrategia militar estadounidense en la región”, remarca Gómez de la Torre.

En la Operación Martillo de Medianoche, Caine supervisó la coordinación entre componentes navales, aéreos y cibernéticos.

Hoy Caine es el principal enlace entre la Casa Blanca, el Comando Sur y la Armada en el despliegue naval que rodea a Venezuela.

Como jefe del Estado Mayor Conjunto, Caine es el oficial militar de más alto rango de EE. UU. y actúa como asesor principal del presidente Trump y del Pentágono sobre decisiones estratégicas y operativas.

Stephanie Syptak-Ramnath fue embajadora de Estados Unidos en el Perú. (Dominio Público).

Gómez de la Torre también destaca un tercer nombre: Stephanie Syptak-Ramnath, exembajadora de Estados Unidos en el Perú. “A menudo se pasa por alto que Syptak es oficial de la Marina y que trabajó directamente en el primer gobierno de Trump bajo las órdenes del entonces secretario de Estado Mike Pompeo, quien previamente había dirigido la CIA. Hoy ella ocupa un cargo estratégico: es asesora principal de política exterior y seguridad del Comando Sur, el brazo militar estadounidense encargado de América Latina», manifiesta.

Su trayectoria, dice Gómez de la Torre, refuerza su perfil dentro de la estructura de seguridad estadounidense. Fue subjefa de misión en México, donde se especializó en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. “Su presencia en ese tablero coincide con los movimientos recientes de la diplomacia de defensa de Washington: visitas del secretario de Guerra y del general John Caine a República Dominicana y Trinidad y Tobago, así como discretas acciones diplomáticas en Guyana, un país alineado con los intereses de Estados Unidos».

El analista señala que Washington estaría buscando articular una “tenaza” regional de países aliados en torno a la llamada Operación Lanza del Sur, consolidando un cerco político–militar en el Caribe contra el régimen de Venezuela.

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El USS Gerald R. Ford (CVN 78), el portaaviones más grande del mundo navegando por el Estrecho de Gibraltar el 1 de octubre de 2025. (EFE/Alyssa Joy/Marina de Estados Unidos).

“No veo un inminente ataque directo de Estados Unidos”

Andrés Cañizález, investigador de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), manifiesta a El Comercio que la posibilidad de una intervención militar directa de Estados Unidos en Venezuela parece lejana, pese al creciente despliegue naval en el Caribe encabezado por el portaaviones USS Gerald R. Ford.

Subraya que, aunque la presencia militar “ha aumentado en capacidad y simbolismo”, no apunta a una acción bélica inmediata contra Caracas.

Según explica, Washington estaría más bien construyendo una estrategia de largo aliento para reafirmar su influencia en el hemisferio, un giro que contrasta con décadas en las que la atención estadounidense estuvo centrada en otras regiones. Esta reorientación, afirma, busca enviar un mensaje directo a China, hoy actor central en América Latina por sus inversiones y presencia comercial.

El analista vincula este movimiento militar y diplomático con decisiones recientes de Washington en el Canal de Panamá —incluyendo presiones para modificar reglas operativas y limitar la presencia de empresas chinas— y con la reactivación de instalaciones militares en Puerto Rico, así como con nuevos acuerdos logísticos en Trinidad y Tobago y República Dominicana. En su lectura, estos pasos reflejan el intento de Estados Unidos por “recuperar un área de influencia” y mantener una presencia sostenida en el tiempo.

Si bien descarta un ataque contra objetivos del Gobierno Venezolano, Cañizález no excluye operaciones puntuales contra infraestructuras asociadas al narcotráfico en la frontera con Colombia, un argumento recurrente de Washington. Pero insiste: “No veo un ataque directo ni algo inminente”. Más que una ofensiva, el despliegue sería una herramienta de presión sobre Nicolás Maduro y un gesto de fuerza hacia la región.

Para el analista, la política de Washington está cada vez más centrada en promover la salida de Maduro, aunque reconoce que un eventual relevo no garantiza una transición democrática. Incluso considera posible un escenario en el que el chavismo se mantenga en el poder sin Maduro, bajo condiciones favorables para intereses estadounidenses, en particular para las petroleras.

También advierte que el actual canal de diálogo, planteado entre Donald Trump y el propio Maduro, excluye a la oposición venezolana. “No hay un plan claro para reconstruir democráticamente a Venezuela”, señala, y subraya que persisten enormes interrogantes sobre el “día después”. Si Maduro dejara el cargo, dice, el país podría no entrar en una transición plena, sino en un reacomodo del statu quo: un cambio relevante, pero no necesariamente una transformación estructural.

Cañizález advierte que cuando habla del “día después”, no se refiere a una respuesta convencional de las Fuerzas Armadas chavistas frente a una potencia como Estados Unidos, sino del riesgo que representa la enorme cantidad de armas que han sido distribuidas entre civiles con una fuerte carga ideológica.

El temor central, explica, es que estos grupos —sin entrenamiento profesional y ajenos a disciplina militar— reaccionen de manera descontrolada ante una intervención externa. “Gente exaltada y armada, incapaz de enfrentar a los marines, podría terminar provocando bajas entre los suyos o descargando su poder de fuego contra opositores y activistas de derechos humanos, que sí estarían a su alcance”, alerta.

Incluso en un escenario de transición pactada, el experto considera difícil evitar episodios de caos. Aunque María Corina Machado asegura que podría conducir una transición moderada, las dinámicas internas del país generan dudas: “Con la información disponible, una transición es posible sin que derive en un baño de sangre, pero sería probablemente caótica y desordenada”.

A ello se suma un obstáculo político mayor. El chavismo, afirma, “está completamente negado a aceptar que Machado se convierta en la figura central del poder”, lo que anticipa un escenario de negociaciones trancadas y un futuro incierto para cualquier acuerdo de salida.

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Redactor Andino